Estilo de vida y riesgo cardiovascular
Qué factores psicosociales provocan o favorecen el riesgo cardiovascular en el directivo?
Hace un tiempo participé como ponente en un Seminario organizado por la ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE DIRECTIVOS (AED), con el encargo -de acuerdo con mi especialidad- de ayudar a tomar conciencia sobre la importante incidencia de los Factores Psicosociales en el desarrollo de riesgos cardiovasculares, dentro del colectivo de los profesionales de la dirección.
Dado el interés que despertó y las consultas que me han ido llegando sobre este aspecto en particular, me ha parecido interesante ofrecer en CUADERNOS DE PLACEMENT, un artículo que resuma lo principal de esta intervención, que ha sido editada posteriormente junto al resto de ponencias del Seminario.
¿Cuáles son pues estos factores?
EL PATRÓN DE CONDUCTA TIPO A. Un perfil de comportamiento presente con mucha frecuencia en los directivos y del que se ha podido demostrar la estrecha conexión con el desencadenamiento de la Enfermedad Coronaria (EC).
EL ESTRÉS que sufre un elevado porcentaje de este colectivo, presenta matices singulares tanto en su contexto como en la conducta desplegada.
Analicemos pues cada uno de estos aspectos:
El ESTILO DE VIDA
No incido directamente en el estilo de vida con las características enumeradas, por ser sobradamente conocidas, como también sus consecuencias físicas: obesidad, nivel de colesterol, hipertensión, etc… Sí creo importante indicar que un cambio saludable de hábitos, que lleve como resultado a mantener estos índices dentro de márgenes correctos, es posible pero muy difícil de conseguir para determinadas personas.
En este caso es aconsejable la intervención del psicólogo para lograr, con la necesaria corresponsabilidad del directivo, un cambio paulatino y efectivo de conducta.
El PATRÓN DE CONDUCTA TIPO A
Friedman y Rosenman, ya en 1974, lo definen de la siguiente forma: “Es un complejo particular acción-emoción, que puede observarse en algunas personas comprometidas en una lucha relativamente crónica para lograr un número de cosas, usualmente ilimitadas, de su medio ambiente, en el menor tiempo posible y si es necesario, contra los esfuerzos opuestos de otras personas o cosas de su entorno inmediato”.
Una descripción pormenorizada, incluye los siguientes aspectos:
1 – Aspectos Personales, que observamos como factor común en los sujetos:
* Tono de VOZ POTENTE.
* Hablan con mucha rapidez.
* Exceso de actividad psicomotora.
* Exagerada gesticulación y otros manierismos.
* Conducta “gobernada” por la “urgencia de tiempo”, velocidad…, hiperactividad y –al menos formal- implicación en el trabajo.
2 – Actitudes y Emociones.
* Hostilidad, impaciencia, ira y agresividad.
3 – Aspectos motivacionales.
* Orientación al éxito y ambición.
* Motivación de logro.
* Competitividad.
* Aspectos cognitivos.
* Necesidad de control ambiental.
Esta descripción sigue un orden “de fuera hacia dentro”, señalando en primer lugar aquello que es manifiesto en el comportamiento y que puede observar todo el mundo, pasando después a lo que subyace y motiva el comportamiento manifiesto.
Aspectos de este Patrón de Conducta que más se relacionan con la ENFERMEDAD CORONARIA.
1 – Necesidad de control.
Parece que las personalidades tipo A se caracterizan por una acusada necesidad de control de su entorno, que les lleva a percibir con más frecuencia e intensidad que otras personas estímulos amenazantes que ponen en peligro estas aspiraciones de control. Es posible entonces que el mayor riesgo coronario se deba a la superior probabilidad de aparición de respuesta de estrés ya que para estas personas existe un mayor número de situaciones potencialmente estresantes.
2 – Ira y hostilidad.
Es un estado emocional compuesto de sensaciones que varían en intensidad, desde la ligera irritación o enojo a la furia e incluso a la rabia.
Bus describe la hostilidad como “una actitud que implica una necesaria respuesta verbal. Una mezcla de ira y disgusto, asociado con indignación, desprecio y resentimiento. Tendencia, intento o reacción que va dirigida a injuriar o a destrozar algún objeto, acompañada por el sentimiento o emoción de ira”.
Espielberger establece una especie de continuidad en la definición de ira, hostilidad y agresión. Williams considera que “personas con hostilidad alta y probabilidad de mostrar su ira hacia fuera, tienen un más alto riesgo de padecer trastornos cardiovasculares”. En cambio nos encontramos con que quienes “suprimen” la ira tienen un riesgo más alto de hipertensión.
3 – Mecanismo de unión con la Enfermedad Coronaria.
Un modelo de los mecanismos de unión entre hostilidad y posteriores trastornos coronarios se centra en la exagerada responsividad fisiológica a los estímulos estresantes en los individuos hostiles. Este punto de vista sugiere que las personas hostiles responden a algunos sucesos y circunstancias con incrementos más pronunciados en la presión sanguínea y en los niveles neuroendocrinos. Este patrón de reactividad psicofisiológica, repetido frecuentemente, podría contribuir al desarrollo y expresión de trastornos coronarios.
Suárez y Williams sugieren que a la determinación de riesgo para quienes exhiben una conducta de riesgo de trastornos coronarios, acompañaría la probabilidad de exposición a situaciones del medio ambiente excesivamente desafiantes y probablemente en muchas ocasiones estresantes.
EL ESTRÉS
Una situación de estrés viene a ser una especie de desequilibrio entre las “demandas del medio” y los recursos del individuo. De aquí que la persona se sienta fácilmente como “desbordada”. El estrés puede ser momentáneo o mantenido. Para que una persona esté bajo estrés son tan importantes las exigencias del medio cómo sus propias características.
1. Situaciones que pueden provocar estrés:
* Incertidumbre (no sé qué pasará…).
* Cambio (necesidad de adaptación a una nueva situación).
* Falta de información (no sé qué hacer, no tengo elementos suficientes para juzgar, me siento indefenso).
* Sobrecarga en los canales de procesamiento (no se puede manejar, “procesar” e integrar toda la información que llega).
* Déficit de habilidades para hacer frente y manejar la situación que se presenta.
2 - El estrés como producto de la interacción individuo-medio.
El que el sujeto se encuentre bajo estrés depende tanto de las demandas del medio como de los recursos del organismo para enfrentarse a él. Se puede considerar que la “cantidad de estrés” está en función de la falta de adecuación entre las demandas del medio (interno o externo) y los recursos del propio organismo o, avanzando un poco más, de las discrepancias entre las demandas del organismo (objetivos, criterios de actuación…) externas y/o internas y la manera en que el sujeto percibe que puede dar respuestas a estas demandas.
En términos de Meichenbaum y Turk, “dependerá de la percepción de hasta qué punto no tiene habilidad el propio sujeto para manejar una situación determinada”.
3. Consecuencias que puede provocar la exposición a situaciones de estrés.
La exposición a situaciones de estrés no es, en si, mala. Es más, las mejores realizaciones del individuo suelen consiguirse bajo estas condiciones. En general, los sujetos con niveles más elevados de secreción de catecolaminas (respuesta típica del estrés) realizan mejor, de manera más rápida y precisa y de forma duradera, las conductas.
Pero el organismo no puede mantener de manera constante y por mucho tiempo un ritmo de actuación por encima de sus posibilidades, de forma que si se mantienen más allá del límite, se pueden producir trastornos a diferentes niveles: hipertensión, taquicardia, cefaleas, úlceras, asma, insomnio…
ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN SOBRE EL ESTRÉS.
Se parte de una evaluación detallada con la finalidad de obtener un perfil de características sobre el origen y desarrollo del estrés en aquella persona concreta. Las principales estrategias de intervención vendrán a incidir en una o varias áreas de las descritas como problemas:
1 – Problemas debidos a demandas ambientales excesivas.
2 – Problemas debidos a una percepción y/o procesamientos inadecuados.
3 – Problemas debidos a una emisión inadecuada de respuestas autónomas o un feed-back incorrecto de su actuación.
4 – Problemas debidos a una inadecuada emisión de conductas operantes o fallos en el feedback de éstas.
ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN SOBRE EL PATRÓN DE CONDUCTA TIPO A.
Se parte también de una evaluación para identificar todos aquellos componentes del patrón de conducta A que el directivo presente de forma “sui generis”, a fin de poder elaborar una estrategia “a medida”.
Algunas de dichas posibles estrategias, programadas dentro de un adecuado PROCESO DE COACHING, serían las siguientes:
* Educación sobre el “Riesgo Tipo A”.
* Reestructuración Cognitiva.
* Imaginería.
* Relajación.
* Afrontamiento Tipo B.
* Refuerzo Positivo o Auto Refuerzo, para comportamientos típicos del Tipo B.
* Prevención de Respuesta.
* Procedimientos de coste de respuesta.
* Técnicas de detención del pensamiento.
A continuación describimos dos conjuntos de características, dos perfiles de comportamiento diferenciados de directivos que facilitarán nuestra identificación de forma mayoritaria o parcial con uno u otro de ellos.
PERFILES DEL DIRECTIVO CON RIESGO CARDIOVASCULAR
* Se levanta con tensión interior de aceleración ante los múltiples objetivos que se ha impuesto.
* Sale precipitado.
* Experimenta la preocupación de controlarlo todo, con el objetivo de aventajar a los demás.
* Se irrita interiormente ante cualquier dificultad que vaya surgiendo, lo que le facilita una actitud impaciente y hostil.
* Come frecuentemente fuera de casa, sin atender a ningún tipo de dieta.
* No tiene tiempo para hacer un “mantenimiento físico”.
* No es capaz de conciliar la dedicación del tiempo entres los aspectos personal, profesional, familiar y social de su vida.
* No desconecta de sus problemas profesionales, con los que vive anclado de forma realmente obsesiva.
PERFILES DEL DIRECTIVO ANTIRIESGO
* Al levantarse sabe dedicar un cierto tiempo a toda una serie de hábitos saludables.
* Planifica o revisa su agenda y piensa si tiene que hacer algunos ajustes.
* Se halla bien ubicado profesionalmente o se esfuerza por estarlo, aprovechando su potencial.
* Se moviliza por unos objetivos bien definidos y factibles, desplegando una competitividad flexible.
* Tiene técnicas y estrategias adecuadas de gestión del tiempo, metodologías adquiridas, capacidad de resolución de problemas.
* Despliega un comportamiento asertivo.
* Sabe “desconectar” al final de su jornada laboral. Hace ejercicio físico o practica algún deporte.
* Sabe dedicar un determinado tiempo diario a su familia y amigos.
* Se permite un descanso o relax al finalizar el día, con alguna costumbre o hábito reconfortante.
Visto todo ello y teniendo en cuanta de que algunos de los factores mencionados son “corregibles”, debemos aconsejar una profunda reflexión, base para la firme decisión de tomar medidas a tiempo sometiéndonos, si es necesario, a un PROCESO DE COACHING especializado, siempre bajo la experta conducción y tratamiento de un buen profesional de la psicología.
MARÍA GLORIA GARCÍA-CANTA – Psicóloga Clínica colegiada – especialista en Prevención y Tratamiento del Estrés.
NOTA: Para completar la información, ver artículo “Prevención y Tratamiento del Estrés” . Además tenemos a disposición de quién pueda estar interesado, ejemplares de la edición completa del Seminario. Pueden solicitarse a factor@factor-placement.com
Esta entrada se publicó , el Sábado, 20 de marzo de 2010 a las 20:32 horas y está guardada bajo Cuadernos de Placement. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada mediante la fuente RSS 2.0. Puedes dejar un comentario o enviar un trackback desde tu propio sitio.